Plagas, Enfermedades y Primeros Auxilios para tu Bonsái

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Los libros de Harry Harrington, ya en español, por el traductor de bonsai4me.es

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PLAGAS VISIBLES EN HOJAS, CORTEZA O RAÍCES.

Si las plagas son visibles en las hojas, identifícalas y actúa sobre ellas como corresponda:

Los áfidos (pulgones sobre todo) son de lo más común. Chupan la savia del árbol y cuando aparecen en gran número son capaces de marchitar y matar el crecimiento nuevo o inmaduro. En árboles flojos de salud eventualmente lo llevarán a morir si no se trata. Los áfidos pueden además transmitir enfermedades víricas de una planta a otra.

Los árboles normalmente son atacados por unos pocos áfidos, que en apenas unos días pueden multiplicarse en gran número. Afortunadamente, una vez detectados, los áfidos son fáciles de tratar. Cuando no son muchos, se les puede eliminar a ellos y a sus huevos simplemente con los dedos. Infestaciones mayores pueden eliminarse rápidamente usando cualquier insecticida en spray. También se puede pulverizar agua jabonosa en las zonas infestadas.

Algunos árboles como los Acer son particularmente propensos a las plagas de áfidos, y se debería tener en cuenta el uso de insecticidas sistémicos durante las épocas de ataques repetidos. Deberían hacerse notar por la presencia de hormigas en los árboles que son atacados con frecuencia: las hormigas suelen transportar huevos de áfidos hasta los árboles, los protegen de enemigos y ordeñan su pegajosa y dulce excreción llamada melaza. Si se ven hormigas, ¡también deberemos tratar el árbol contra ellas!

Las orugas son muy destructivas para las hojas y los brotes tiernos, dejando agujeros en las hojas y en algunos casos pelando las ramas por completo. Suelen ser difíciles de ver por su excelente camuflaje, y es necesario observar muy de cerca las hojas y nervios, sobre todo por el envés, para localizarlas y eliminarlas a mano. Las orugas inmaduras a menudo doblan las hojas para protegerse de sus predadores. Los insecticidas por contacto son escasamente efectivos, aunque se pueden reducir los ataque usando insecticidas sistémicos.

Babosas y caracoles son también muy peligrosos y rápidamente provocan grandes zonas defoliadas. Durante épocas con noches cálidas y húmedas, son frecuentes sus ataques causando agujeros en los bordes de las hojas, que pueden extenderse hasta eliminar por completo la hoja de su tallo. El signo indicador más común de la presencia de babosas o caracoles es el rastro plateado que dejan tras ellos. Babosas y caracoles sólo son activos cuando las temperaturas alcanzan los 10ºC en primavera y pueden ser cogidos a mano por las noches, o eliminados usando cebos especificos en forma líquida o de gránulos.

El mucílago es muy evidente, forma glóbulos de espuma blanca en la superficie de hojas y tallos. Dentro de la espuma hay larvas conocidas como ninfas, que se alimentan de la savia de la planta de la misma forma que los áfidos, provocando que se marchiten y deformen. El mucílago puede eliminarse a mano o usando un insecticida.

Los gorgojos son probablemente los peores enemigos del bonsái. Difíciles de ver en la planta, su presencia puede determinarse por las muescas irregulares alrededor del borde y centro de las hojas. Mucho más destructivas son sus larvas, que normalmente se alimentan de las raíces, eventualmente causando la muerte de la planta. Los gorgojos adultos miden unos 8-10 mm, y son negros con marcas blancas o amarillas. No pueden volar pero son excelentes trepadores y en ocasiones pueden ser vistos en las zonas inferiores de las plantas infectadas. Los adultos se eliminan con facilidad agitando o cepillando el follaje desprendiendo a los ejemplares reproductores. Las larvas miden unos 10 mm, blancas con una “cabeza” roja. Se alimentan del sistema radicular durante el invierno y a principios de primavera “pupan” en gorgojos adultos, todos hembra, y que pondrán unos 1,000 huevos a lo largo del año. Estos huevos son esféricos, de color marrón y menos de 1 mm de diámetro -no deben confundirse con las algo mayores bolitas de fertilizante de liberación lenta que utilizan los viveros. Las larvas que eclosionan en el calor del verano se convierten en adultos en otoño, pero suelen descubrirse antes, al hacer los transplantes en primavera o cuando los árboles mueren de repente ¡por la falta de raíces! Las larvas sólo se pueden ser tratadas con efectividad eliminándolas a mano o con unos pocos productos especiales: el más efectivo (en el Reino Unido) se llama “Bio Provado Vine Weevil Killer”, que se utiliza aplicándolo líquido en el sustrato, protegiendo durante 1 mes el follaje contra el ataque de los gorgojos adultos, y durante 6 del ataque de las larvas.

Las cochinillas son insectos chupadores de savia que se pegan a la corteza del bonsái y se cubren a sí mismos con una cáscara protectora marrón. Lo mejor es quitarlos a mano, puesto que los insecticidas por contacto son incapaces de traspasar la cobertura protectora.

Los ácaros rojos son unos chupadores de savia muy pequeños que atacan a los árboles (especialmente coníferas) en periodos secos y cálidos. Son difíciles de ver a simple vista pero su presencia puede detectarse por unas finas redes alredeor del follaje. Los insecticidas por contacto son efectivos en los árboles afectados y el pulverizado regular del follaje con clima seco y cálido detendrá la infestación.

La mosca negra (o fungus gnat) es una pequeña mosca alargada que puede verse revoloteando alrededor de árboles que se mantienen en interiores. Las moscas en sí no son más que una molestia, pero sus larvas se alimentan del sistema radicular del bonsái. Se sienten atraídas por suelos excesivamente húmedos, sobre todo si contienen musgo. Aunque son fáciles de matar con el uso de los insecticidas normales de casa, es importante mejorar el estado del drenaje del sustrato y asegurarnos de que no se mantiene contínuamente mojado.

VIRUS Y HONGOS

Los virus son normalmente detectados por la presencia de hojas o flores deformadas o descoloridas, atrofia del crecimiento y finalmente la muerte de la planta. El tratamiento debería incluír la eliminación de toda la zona afectada. Las plantas atacadas por un virus no deberían estar cerca de otras plantas del mismo género para evitar la contaminación cruzada, y las herramientas deben esterilizarse tras su uso. Mildiu, roya y “mancha negra del rosal” son comunes a los árboles débiles y estresados. Si un árbol está afectado por una de estas enfermedades es importante descubrir el motivo de ese debilitamiento previo del bonsái.

El mildiu es un hongo que prospera en condiciones de alta humedad y mala ventilación, causando la aparición de un moho blanco sobre el follaje. El hongo extrae savia de la planta hospedante provocando pérdida de vigor, brotaciones deformadas y eventualmente la muerte. El hongo hiberna en las yemas, así que el follaje joven que emerge en primavera ya sale afectado. Produce esporas que se propagan al follaje por el agua, de ahí que el mildiu se propague rápidamente durante los periodos cálidos y lluviosos. Sin embargo, crea cierta confusión que, mientras que la caída de lluvia puede ayudar a la dispersión de las esporas de mildiu, lo cierto es que el estrés hídrico de las raíces ante la escasez de agua cuando hace mucho calor, es lo que debilita la planta y reduce su resistencia natural a la infección. Una vez afectado, no es posible quitar el mildiu de una hoja: todos los brotes y hojas infectadas deben eliminarse lo antes posible y el follaje sano tratado con fungicida para prevenir posteriores infecciones.

Las royas son enfermedades fúngicas que causan unas manchas rugosas, de marrones a naranjas, en el envés de las hojas (lo que puede verse a veces en el anverso) sobre todo en especies como hayas y abedules. La roya no es sólo desagradable sino que causa una gran pérdida de vigor a la planta. Como con el mildiu, el tratamiento de royas es la eliminación de las hojas afectadas y la aplicación de fungicida. De nuevo, una buena circulación de aire ayudará a los árboles a evitar infecciones.

La llamada “mancha negra del rosal” (Diplocarpon rosea o Marssonina rosae): los olmos chinos son propensos a desarrollar puntos negros agrupados de menos de 1 mm en la superficie de las hojas. El follaje se vuelve entonces amarillo y cae. Esto es causado por un virus conocido vulgarmente como “mancha negra”, muy común en plantas rosáceas pero no exclusivo de ellas. Como con las anteriores, una vez se encuentra una hoja infectada, se debe eliminar rápidamente para detener la dispersión de la enfermedad. Hay que tener cuidado en no rociar el follaje con agua puesto que ayuda a expandir la enfermedad: se debe evitar tener el árbol bajo lluvia persistente. El follaje sano restante también debe tratarse con fungicida.